El perro del autónomo

Desde hace ahora medio año contamos con un "empleado" muy especial en nuestra empresa. Se trata de Serendi (de serendipia), un galgo que adoptamos. Cariñosamente decimos que es nuestro encargado de encontrar un equilibrio entre la vida y el trabajo. Esto es, simplemente, que se encarga de asegurarse de que nos dé un poco el aire después de varias horas de trabajo. Me pregunto qué pensará de este estilo de vida...

Me considero afortunado porque comparto oficina con mis dueños, lo que es mucho mejor que estar todo el día solo en casa. Sin embargo, esto puede ser más complicado de lo que parece a simple vista. Ser la mascota de un autónomo tiene ventajas y desventajas.

Cada día es igual y aún así bastante diferente. Vamos a la oficina pronto por la mañana y he de confesar que me gustaría quedarme durmiendo en alguna ocasión. Hace tanto frío fuera… al menos la oficina es calentita. Yo tengo mi cama en el piso de arriba y no tengo permitido bajar salvo que tenga mi arnés y la correa.

Normalmente estaré durmiendo todo el día, incluso cuando mis dueños ponen música de fondo o están hablando y haciendo planes. Sin embargo, hay veces que solo quiero dormir tranquilo y no puedo porque están subiendo y bajando.

De vez en cuando puedo oír el timbre y gente entrando. Casi nunca suben, pero puedo oírlos hablando en el piso de abajo. Creo que ni siquiera saben que estoy aquí arriba. En ocasiones me gusta ser un poco travieso y subirme al sofá, aunque técnicamente no debo. Pero es que es tan blandito… y tiene buenas vistas. Me gusta mirar por la ventana como tienen una reunión o simplemente ver los coches y las personas pasar. He visto que algunas personas me han visto subido al sofá y se han reído, pero me da igual.

La gracia está en bajarme del sofá y volver a mi cama en cuanto oigo a alguien subir por las escaleras… si no me ven en el sofá, no me he subido.

También me gusta subirme al sofá cuando me dejan solo. A veces tienen que irse a por materiales o alguna reunión fuera de la oficina. No se está tan mal, me subo al sofá y miro por la ventana o me pego una buena siesta ya que nadie me va a molestar (por fin).

Por ahora suena bien ¿no crees?

Sin embargo, a veces no es tan fácil. Llega la hora del paseo y siguen ocupados y me piden que espere un poco. En otras ocasiones no nos vamos a casa hasta muy tarde y cenamos en la oficina. No sé si preferiría que me dejaran dormir en la oficina.

También tengo la sensación de que pasamos más tiempo en la oficina que en casa. Durante los días laborales venimos pronto por la mañana y nos vamos a la noche, comiendo en la oficina y solo saliendo para mis paseos. También venimos en ocasiones durante los fines de semanas, a veces para un ratito corto y en otras ocasiones para trabajar como un día normal.

Pero no me puedo quejar de esta vida de perro.

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